When football arrived to my life it didn’t leave space for much else. Even though it didn’t take away, nor ever will, my passion for films, music and a glass of wine, it became the center of my life, including my very ambitious professional goals.

Getting up every very early Saturdays and Sundays to watch marathons of matches, staying until night during Champions League matchdays to watch three matches and to do what it takes to, literally, watch an important match, is a routine that has kept alongside myself in the last fifteen years of my life and perhaps will never abandon me.

One night in 2008 I decided it was time to start writing some ideas and concepts I was already gathering in my head, but had started to pile up and was a big risk leaving them just there. In the blank sheets of Lilien’s school notebook I began fitting the pieces of this puzzle I ended up completing nine years later after thousands of matches seen, notes taken and analysis that sometimes left me sleepless.

MORE THAN 90 MINUTES has been a truly journey of discovery, improving, as well as joy. Even though sometimes I leant up my head against the wall when I couldn’t shape an idea, or actually wondered if someone ever was going to be interested in reading what in my opinion was a compelling text, I always found the way to round the bumps in the road and the rejection every writer experiences with their own manuscript. Sometimes I celebrated like if I’ve had scored a fantastic goal.

I’m the only intellectual author of what its pages contain and I have taken almost by myself the development of this project beyond the manuscript. However, getting the energy and focus to have this book done would had been almost impossible without some monumental persons that gave me a massive force to set my sights in goals like this one and the perseverance needed to achieve them.

To my mother and my father for that inconditional and natural guidance now I’m in total capacity to highlight as one of the pillars of my life. To Lilien for being with me in a very prolific stage of my life, for standing so many “I can’t go with you to visit your family because there are so many matches I have to see” and for perennialy reassure the idea you only need to wish something to make that dream come true.

To Albe for his unmeasurable humbleness, for letting me to watch so many matches, like Maday, Guerman, Rafa and the Ameijeiras’ guys did.

And forever, even though silently and without being able to understand the magnitude of her master piece, to Muñi, for making me a better person, for showing the path to dedication, perseverance and how focused we should be when we want to achieve the things that really matter in life, the ones you get after so many years of hard work and keeping your sight relentlessly in the place you want to be.

Cuando el fútbol llegó a mi vida prácticamente no dejó espacio para mucho más. Aunque no me arrebató, ni lo hará jamás, mi interés por el cine, la música y una buena copa de vino, se convirtió en el centro de mis muy ambiciosas metas profesionales.

Levantarme los sábados y los domingos bien temprano para ver maratónicas jornadas de cinco partidos, o quedarme hasta la noche en los días de la Champions para ver tres encuentros, y de hacer hasta lo imposible -literalmente- por ver un partido importante, fue una rutina que me ha acompañado en los últimos quince años de mi vida y probablemente ya no me abandone nunca.

En una noche del año 2008 decidí que era el momento de comenzar a escribir las ideas y conceptos que ya venía acumulando en mi cabeza, pero que comenzaban a amontonarse demasiado como para seguir dejándolos en el aire. Así, en las hojas en blanco de una libreta de la universidad de Lilien, comencé a redactar las piezas de este gran rompecabezas que acabé armando nueve años después, luego de miles de partidos vistos, apuntes tomados y análisis que a veces me dejaron sin sueño.

MÁS ALLÁ DE 90 MINUTOS ha sido un verdadero viaje de descubrimiento, de superación y también de goce. Aunque a veces coloqué la cabeza contra la pared porque no salía la manera de darle forma a una idea, o me planteé seriamente si alguien estaría interesado en leer lo que a mi juicio era un texto atractivo, siempre encontré la manera para sortear las piedras en el camino y ese siempre perenne rechazo que el propio escritor genera para con su obra en construcción. En esas ocasiones celebré como si hubiera marcado un golazo.

Aunque soy el único autor intelectual de lo que sus páginas contienen y también he emprendido casi en solitario el desarrollo editorial y promocional de este proyecto, hubiera sido imposible tener este nivel de energía y de concentración sin las personas que me han dado el impulso clave para trazarme objetivos como este y tener la constancia necesaria para acabar conquistándolos.

A mi mamá y a mi papá por esa innata e incondicional guía que ahora me siento en la total capacidad de reconocer como uno de los mayores pilares de mi vida, a Lilien por haberme acompañado en una etapa muy prolífera de mi existencia, por haber soportado tantos “no puedo acompañarte el sábado a visitar a tu familia porque tengo varios partidos que ver” y por haberme ratificado la idea de que si se quiere, se puede.

A Albe por su humildad, por haberme acogido tantas veces y por haberme permitido ver tantos partidos de fútbol, como también lo hicieron Maday, Guerman, el Rafa y la gente del Ameijeiras.

Y siempre, aunque silentemente y sin poder comprender la magnitud de su obra, a Muñi, por haberme convertido en una mejor persona, por haberme enseñado el camino hacia la dedicación, a la perseverancia y hacia cuán enfocados tenemos que estar para acabar conquistando las cosas que realmente valen en la vida, las que se logran con el paso de los años y sin quitar la vista, ni un segundo, del lugar a donde quieres llegar.